jueves, 15 de julio de 2010

¿Te hace una conquista del mundo?

España parece estar enredada en un conflicto bélico, todas las calles repletas de banderolas de color rojo y amarilla, algunas con la insignia del toro de Osborne, otras, con la insignia de la famosa cerveza rubia “Cruzcampo”.

Tras casi cuarenta días de batalla sin descanso, la guerra llega a su fin. Tras más de de cuarenta días separados todos de sus respectivas familias, todo llega a su fin. Siete batallas campales en un terreno limitado, rodeados de cientos de miles de espectadores y docenas de cámaras que difundían el espectáculo por el resto del mundo. Siete batallas, de las cuales sólo una de ellas, quizá la más y a su vez la menos significativa, la primera, fue considerada como una derrota.

La primera de las batallas fue ante la neutral Suiza, un ejército que se abstuvo de atacar de forma ofensiva y constante a nuestro ejército, y la que sembró la semilla, la cual todos los demás fueron regando y suplantando su identidad, pero esta vez sin éxito.

La escuadra española supo restar importancia al repliegue defensivo y a los duros golpes que recibió por parte del enemigo, y consiguió jugar sus cartas obteniendo un buen resultado, aunque no el esperado por todos.

Tras Suiza, apareció Honduras, y después Chile, acto seguido, la vecina Portugal, un batalla dura, pero no tanto como contra los Paraguayos. La única batalla bonita fue la sexta, contra Alemania, una armada con sus cañones apagados, y por último la dura Holanda, quién intentó llevarse la victoria de cualquier modo y a cualquier precio, no obstante, no lo consiguió, no consiguió parar ni destruir la armada española, que finalmente obtuvo la victoria y la conquista del mundo entero.